miércoles, 9 de octubre de 2013

SINDROME DE LA BRUJA VIEJA

OLD HAG SYNDROME
La parálisis del sueño
 Estabas durmiendo plácidamente hasta que has despertado comprobando con pavor que tu cuerpo no responde y que no puedes moverte a pesar de intentarlo repetidamente... Esta situación, conocida como parálisis del sueño, es una de las parasomnias o alteraciones del sueño más frecuentes entre la población general.
Síndrome "Old Hag" es un trastorno del sueño aterrador que muchas personas padecen. También conocido como PARÁLISIS DEL SUEÑO, los pacientes a menudo despiertan en medio de la noche incapaces de moverse o gritar, pero capaz de ver, oír, sentir y oler.
Con frecuencia se acompaña con olores extraños, sonidos aterradores, apariciones de sombras o personas, y un peso el pecho, haciendo la respiración difícil, sino imposible.

Por lo general dura de uno a tres minutos pero cada momento es más espeluznante y agónico que el anterior  haciéndonos sentir como si algún ente ajeno nos dominara dejándonos incapaces de mover un solo musculo.
La parálisis del sueño ha sido un fenómeno neurológico al que se han intentado buscar todo tipo de explicaciones paranormales a lo largo de la historia a falta de una explicación más verosímil; de hecho, antiguamente se le conocía como Old Hag Syndrome (síndrome de la bruja vieja) en relación a la creencia de que las brujas salían por las noche a matar gente sentándose encima de su tórax hasta la asfixia. Otras teorías más modernas lo han relacionado con las abducciones alienígenas o los viajes astrales. A día de hoy, la ciencia nos ofrece una perspectiva lo suficientemente sensata como dejar estas teorías para programas con un "rigor y calidad" como el de Iker Jiménez.

La parálisis del sueño es un fenómeno caracterizado por la incapacidad de llevar a cabo movimientos voluntarios, ya sea al inicio del sueño (forma hipnagógica) o al despertar (forma hipnopómpica), y que en algunos casos puede acompañarse de alucinaciones auditivas o visuales. Para entender por qué sucede esto, primero son necesarias cuatro pinceladas sobre los patrones del sueño normales.

Cuando dormimos, nuestro organismo pasa por distintas fases de sueño, unas más profundas que otras, que se clasifican en sueño NREM (sin movimientos oculares rápidos) y sueño REM (con movimientos oculares rápidos). Al inicio del descanso nos adentramos en el sueño NREM, compuesto de fases cada vez más profundas, siendo la última y más profunda la IV fase, poco después volvemos a pasar a las fases más superficiales y entramos en el sueño REM. Este proceso, que dura entre 90 y 120 minutos, se repite 4 o 5 veces por noche. Durante el sueño REM, nuestro cerebro y nuestro metabolismo se muestran tan activos como cuando estamos despiertos y soñamos (aunque los sueños no son exclusivos de la fase REM), mientras que nuestros músculos están totalmente flácidos; este es un mecanismo de defensa que evita cualquier tipo de reacción corporal ante lo que estemos soñando.
La parálisis del sueño se manifiesta o bien en la transición vigilia-sueño o, más frecuentemente, en la de sueño-vigilia. Esto se debe a que la flacidez muscular propia del REM persiste unos minutos a pesar de haber despertado; podría decirse que se debe a una descoordinación puntual en los mecanismos de sueño-vigilia que es rápidamente corregida. Por este motivo, la parálisis solo se produce cuando uno se despierta durante la fase REM.

El tema de las alucinaciones no está tan claro; sabemos que, durante la parálisis, la actividad del lóbulo temporal está aumentada, pudiendo generar las alucinaciones auditivas, y del mismo modo lo hace el lóbulo occipital en el caso de las alucinaciones visuales. De hecho, si tenemos en cuenta que, en estos episodios, el cerebro no ha salido completamente de la fase REM, las alucinaciones pueden ser consideradas como percepciones oníricas durante la vigilia (literalmente, soñar despierto).

Los eventos de parálisis son autolimitados y no representan un peligro para quien los padece, aunque sea una situación altamente angustiosa. Si bien se ha relacionado trastornos como la narcolepsia, lo más frecuente es que no se vincule a otras enfermedades y simplemente sea un hecho curioso que puede tener un componente hereditario o que refleje una falta de sueño, un cambio en las horas de sueño o el uso de fármacos o drogas.

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